Golpes de Estado financieros

de Bernard Cassen
Los gobiernos europeos ya ni se toman el trabajo de ocultarlo: la única motivación de todas sus decisiones es darles garantías a los mercados financieros, con las agencias calificadoras en el papel de distribuidoras de puntos buenos y malos. Los mercados tienen su brazo armado: la “troica” Comisión Europea / Banco Central Europeo (BCE) / Fondo Monetario Internacional (FMI). Como vanguardia de una tropa de ocupación, asienta sus cuarteles en los ministerios de los países europeos “beneficiarios” de los planes de “rescate” para verificar el correcto cumplimiento de sus imposiciones.

Hasta hace pocos años, quienes denunciaban la “dictadura de los mercados” eran tomados por extremistas. Esta fórmula traduce hasta tal punto una realidad obvia que hoy en día forma parte del lenguaje corriente. Por ahora, esta dictadura no necesita imponerse por medio de la coerción física, ya que los propios gobiernos son quienes, de dimisión en capitulación, subrepticiamente le han permitido instalarse. Al precio de la destrucción de los fundamentos de la democracia representativa.

El error más simbólico es haber avalado la legitimidad de las instituciones de la “troika”, cuyas características comunes son: no ser elegidas, ser abiertamente portavoces de las finanzas y no tener que rendir cuenta alguna a los ciudadanos. Un simple comisario europeo, como el finlandés Olli Rehn, responsable de asuntos económicos y monetarios, tiene infinitamente más poder que los ministros de finanzas de la casi totalidad de la zona euro, a los que por otra parte, no se priva de llamar severamente al orden.

El segundo golpe a la democracia real, como dicen los “indignados”: los electores han quedado cautivos de dos opciones que no son tales. Las posiciones de los partidos de gobierno en Europa –sean éstos socialdemócratas o de derecha– sobre las medidas de austeridad son intercambiables. En Portugal y en España, el enojo de los ciudadanos ha alejado a los “socialistas” del poder, pero para reemplazarlos por gobiernos ultra conservadores que no hacen más que continuar e incluso endurecer las políticas de sus predecesores. Una variante de esta alternancia ficticia es la constitución de un gobierno apoyado por la socialdemocracia y la derecha, como el de Mario Monti en Italia. En Grecia, la situación es aún más insólita ya que, en nombre de la “unidad nacional”, el gobierno de Lukas Papademos incluye no solamente ministros del Pasok y de la Nueva Democracia, sino también de la extrema derecha.

En estos dos casos, la mistificación más grosera consiste en presentar a estos gobiernos como dirigidos respectivamente por un “profesor” en Roma y por un “técnico” en Atenas. Se trata de “venderle” a la opinión la idea de que existiría una manera casi científica, no “política”, de superar la crisis. En realidad, por definición, los primeros ministros italiano y griego hacen exactamente lo mismo que sus homólogos español y portugués: toman decisiones políticas. La única diferencia es que, contrariamente a estos últimos, no han pasado por la prueba del sufragio universal.

En Atenas y Roma, las finanzas han logrado una doble hazaña: no solo han confirmado la desconexión entre la esfera económica y financiera y la esfera política, sino que se han instalado resueltamente en esta última. Hasta aquí los banqueros tenían como interlocutores políticos a representantes elegidos, ahora dialogan con otros banqueros. Lukas Papademos es, en efecto, el ex gobernador del Banco Central heleno quien, con la ayuda de Goldman Sachs, había maquillado las cuentas de Grecia. En cuanto a Mario Monti, es un ex consejero internacional de Goldman Sachs. La mafia de las altas finanzas ya no teme mostrarse a la luz pública y burlarse con desdén de la democracia.

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